EL LEGADO DE LA PREMIO NOBEL

  
Rafael García Planchart I.A.

 el 16 de Noviembre de 2025

EL LEGADO DE LA PREMIO NOBEL

Rafael García Planchart.

Desde que Alfred Nobel instauró sus premios, su objetivo fue estimular a quienes dejan un legado a la humanidad, para que continúen haciéndolo y sirvan de ejemplo a otros.

Los documentos escritos en literatura, física, química o medicina son la obra y el legado de los escritores y poetas, y de los científicos y médicos que ya han creado un legado.

Los de los Premios Nobel de paz son acciones desarrolladas por personas que se convierten en sí mismas en un legado. Algunas son efímeras, pero contribuyen a la paz mundial al menos por un tiempo, como el caso de Yaser Arafat en Gaza; otros perduran en el tiempo y crecen en el tiempo, como Nelson Mandela.

El legado de María Corina Machado Parisca será uno de los que seguramente perdurará más, pues se trata nada más y nada menos que del cambio total del pensamiento político, económico, social y militar de toda una nación con 80 años de socialismo a cuestas. Venezuela transitó todas las etapas del socialismo, desde el fascismo militarista, iniciado por un golpe militar en 1945, el cual llevó a una democracia solo política y socialista en 1960, pero con la estructura económica fascista de las grandes corporaciones del Estado, reservándose poco a poco el manejo de los recursos más importantes, creando monopolios estatales, hasta que tuvo su zenit con las grandes nacionalizaciones del petróleo y del hierro, y su nadir con la de la fábrica de Corn Flake de Kellogg's o la fábrica de toallas sanitarias de Kimberly Jones en Venezuela. Ni hablar de democracia social, puesto que todas las instituciones de la vida civil fueron tomadas por los partidos políticos, siendo muy pocos, si es que había, los directivos de sindicatos o gremios o de La Academia o de empresas del Estado, y hasta de los liceos y colegios, y otros centros educativos o de investigación, cuya condición indispensable para su nombramiento no fuera su participación en un partido político socialista. Y en diciembre de 1999, con la aprobación de la nueva Constitución Bolivariana, lo que faltaba por penetrar como institución, que era la Fuerza Armada Nacional, pasó del control partidista al control único del jefe de gobierno.

Desde 1945 en adelante, la figura del líder político como persona y la política en general, como forma de acción para el bienestar del pueblo, comenzaron a deteriorarse. Al final, la democracia criolla como forma de gobierno también se deterioró, lo que llevó al rechazo total de los partidos del estatus en las elecciones de 1998, ratificado en la elección de diputados para la constituyente del 99. El contubernio político régimen-oposición, creado por los operadores políticos del gobierno de la oposición, a partir de ese momento, convirtió al deseo de libertad y democracia de las personas en el mecanismo para liderarlas a esa falsa promesa, movilizándola hasta extremos como las guarimbas, mecanismo de protesta, los cuales solo servían para negociar mejores condiciones con el régimen, obteniendo así ventajas políticas y económicas para los pseudoopositores. La desilusión de la actuación de la gente de los partidos principales y de sus líderes convenció a la mayoría de que la política solo servía para apropiarse del Estado y enriquecerse personalmente, y que ni siquiera valía la pena ir a votar, lo cual provocó grandes abstencionismos en elecciones subsiguientes al 2014. Ante la falta de solución de los grandes problemas por parte de los políticos, el conformismo empezó a manifestarse de dos formas: la diáspora, como la búsqueda de lo que aquí no se conseguía, si no solo en libertad, o la adaptación conformista al control social de la dictadura. Y entonces, en el 2017 ocurrió el gran quiebre del 16 de julio, no solo cuando se vislumbró la salida del régimen por la vía constitucional, sino además cuando en ese mismo instante se apartaron algunos políticos, entre ellos María Corina, de la coalición de unidad formada para enfrentar al régimen en las elecciones del 2015. Nació la fracción 16J, que diputados divorciados de los cuatro grandes partidos que conducían el mal llamado gobierno de transición, que solo sirvió para enriquecer aún más a los políticos que lo detentaron. En ese momento fue que María Corina y su imagen se apartaron de la tradición política venezolana. En ese instante es que su legado se empezó a hacer visible. La primera parte, y para mí la más dificultosa, fue el lograr que la gente recuperara la esperanza en lograr la libertad y la fe en políticos que ejercieron de una forma distinta el ejercicio de la política.

A través de sus discursos, a través de sus incontables reuniones con todos los estratos sociales para enfrentarlo con la perspectiva del momento y la del futuro, fue por sus ideas, su ética y su moral. Su valentía y su tenacidad ya eran conocidas desde su trabajo en Súmate. Y sus pocos años como diputado, que le sirvieron para conocer a fondo la calaña en la mayoría de los políticos venezolanos. Es entonces, en ese 2017, y acompañada por el pequeño grupo que representaba su partido fundado en el 2012, hoy día el partido político de oposición más grande que nunca ha existido en el país, VENTE VENEZUELA, que al separarse y diferenciarse del resto de la oposición, logra llamar la atención, al principio, y unir cada vez más voluntades a su forma de pensar y actuar, comenzando por lo básico de la democracia, que es ir atrayendo al elector por sus ideas en planteamientos. En contra de todas las predicciones de los sapientísimos analistas políticos nacionales e internacionales, te ve bien imposible que una mujer, divorciada, proveniente de una familia económicamente acomodada, recién venida a la política, sin equipo, sin estructura política y sin dinero suficiente para alimentar los enormes costos de propaganda y electorales, pudiese aguantar siquiera una elección primaria. Lo que no entendieron, lo que para ellos les resultaba incomprensible, era que los valores y la ética de María Corina crearían una forma nueva de hacer política, una forma ética de ganarse la voluntad de los electores, una forma heroica de recorrer el país sembrando esperanza, creando fe en el futuro y metiéndose en el corazón de la gente. Su legado es, hasta ahora: La recuperación de la democracia como forma de gobierno y de la política como forma de acción de la democracia para el bienestar de los pueblos, especialmente Venezuela y los países latinoamericanos. La creación de una conducta política desconocida en Venezuela hasta entonces, la cual podríamos denominar la NUEVA POLÍTICA, o NP, totalmente opuesta a los valores y prácticas de la realpolitik tradicional criolla, del “cómo va saliendo, vamos viendo”, y el pragmatismo absoluto sin límites éticos ni morales. La primera parte del legado, la recuperación de la democracia y de la política, es invaluable para los países occidentales que venían presenciando la pérdida de la fe tanto en su político como en su forma de gobierno.

El resplandor de la Venezuela que viene, soñada por María Corina y su equipo, y próximamente realizada por todos los venezolanos, servirá de ejemplo al mundo entero de lo que la verdad y la democracia pueden hacer. En cuanto a la NP, se caracteriza por los discursos cortos, pero llenos de contenido, sin gritar y sin estridencias, naturales y sin formas o voces engoladas, sobre todo transparentes y coherentes, sin miedo a la verdad y llamando las cosas por su nombre, sin apartarse del marco de la vida, la libertad y la propiedad como valores fundamentales, de la igualdad de oportunidades y de la justicia, de la seguridad de la persona y de la familia como centros de la sociedad, y de la riqueza y la movilidad social como forma de crecimiento de una nación. Ese es el legado actual de María Corina, invaluable mundialmente, pues nada más y nada menos que la forma más segura y estable de conseguirle la paz mundial.

Y apenas comienza a construirlo, pero conociéndola, estamos seguros de que llegará HASTA EL FINAL.